Juan Manuel Silva: de vender rifas para correr a hacer escuela con su propio equipo
El ex piloto Juan Manuel “Pato” Silva podría ser hoy un excelente director deportivo en cualquier categoría argentina, pero a sus 53 años se rehízo desde abajo y volvió a trabajar en un taller, como en sus épocas junto a su padre, Manuel Antonio Silva, cuando con mucho esfuerzo preparaban el chasis Crespi de Fórmula Renault en Resistencia. Luego se convirtió en uno de los mejores pilotos argentinos.
Desde el Rally Dakar 2023 que el “Pato”, como lo apodan, no hablaba, y ahora decidió romper el silencio. Se abrió y explicó por qué “sufrió el automovilismo” pese a haber sido exitoso, al punto de consagrarse campeón en el TC y en el TC 2000, las dos divisionales más importantes del país. Pero también soportó injusticias y se mantuvo durante 30 años a nivel nacional.
Supo hacer marketing sin haberlo estudiado en la universidad: pasó de vender rifas en bicicleta para poder correr a convertirse en uno de los corredores con mayor cantidad de publicidades en su momento. Siempre fue un imán para los sponsors y potenció su imagen en los medios, al punto de ser uno de los primeros pilotos panelistas del país desde el comienzo del programa Última Vuelta, allá por 2003.
“Estoy hace cuatro años viviendo en Miami. Me di cuenta de que el automovilismo argentino era muy conocido y rápidamente mi búsqueda de trabajo se inclinó nuevamente hacia el automovilismo. Recuerdo cuando vendía rifas en bicicleta para poder comprar mi primer karting y tuve la ayuda de mucha gente en el Chaco. Los clientes del taller de mi papá me dieron una mano y, después de haber ganado carreras, todos los que me ayudaron se acordaron de esa época que me marcó mucho. Crecí de golpe porque no tenía un mango y todo me costó mucho”, destacó.
A lo que agregó: “En mi casa siempre me bajaron la línea de ‘si no estudiás, no corrés’. Un día llegué de la facultad y dije ‘no estudio más’. Mi mamá me dijo ‘bueno, no vas a correr más. O sea, acá, si no vas a estudiar, te vas a trabajar al taller de tu papá, pero se te terminan las carreras’. No pensaba en otra cosa que no fuera el auto de carrera, hasta que un día pude convencer a mi mamá, que era la que más ponía los puntos en casa, de que yo quería ser corredor de autos y que iba a dar la vida por hacerlo con responsabilidad y no me lo tomaba solo como ir a divertirme a una carrera. En vez de ponerle el empeño al estudio, le puse ese empeño al automovilismo. Cuando fui campeón argentino de la Fórmula Renault (seis triunfos, once podios, cinco pole positions y dos récords de vuelta), fue como haberme recibido de piloto. Pude darles un título a mis viejos. Es cierto que no era el de un ingeniero, pero en esa época había entre 60 y 70 autos en la categoría y competí contra Guillermo Ortelli, Walter Hernández, Norberto Della Santina, Roberto Sánchez y chicos que recién empezaban, como Norberto Fontana o Esteban Tuero. Fue mi título más importante porque me abrió las puertas del TC 2000 y fui el primer campeón nacional que tuvo el Chaco en el automovilismo”.
Al TC 2000, donde logró 23 triunfos y 29 pole positions, se sumó su debut en la Fórmula 3 Sudamericana, con una victoria. También emigró a Japón detrás de su sueño de llegar a la Fórmula 1, pero esa posibilidad se vio truncada luego de que le arrebataran su butaca en la Fórmula Nippon (actual Súper Fórmula) por la aparición de otro piloto con mayor presupuesto. Corrió un año en el Súper Turismo japonés y la suerte volvió a jugarle una mala pasada en una prueba en la mencionada categoría de monopostos, cuando un despiste terminó de cerrar esa puerta. No obstante, aquella experiencia fue un aprendizaje para la vida.
En 1998 debió regresar al país para correr en autos con techo. Se sumó al equipo oficial Honda de TC 2000 y fue compañero de Juan María Traverso y Omar “Gurí” Martínez. Al poco tiempo se convirtió en uno de los pilotos nacionales más cotizados. Ese año debutó y ganó en el TC y, en 1999, fue campeón del TC 2000. Forjó una amistad con Traverso, aunque una recordada maniobra fue el inicio de la ruptura con el Flaco de Ramallo.
El toque con Traverso en San Juan y su posterior enojo marcaron un punto de inflexión en su carrera deportiva. Al respecto, recuerda: “Hoy considero que me tiró la mierda. Fue la calentura del momento y de la carrera. Para mí todo terminó ahí, pero después vamos a la carrera del Chaco, yo lo invito a mi cumpleaños. Él me lleva una campera de regalo, yo agarro la torta que me llevó el equipo y se la pongo en la cara. Nos cagamos de risa y todo terminó ahí. Lo que a mí me enojó de toda la situación es que él hizo una fábula y metió a mi padre con el tema de la campera como regalo. No era su cumpleaños, sino que yo quería ganar esa carrera para regalarle el triunfo y levantarle el ánimo, ya que le habían detectado una enfermedad terminal. Después dijo que ‘para esa maniobra se necesitaba tener un pelotudo adelante’. Yo quedé muy molesto porque en Argentina a los ídolos se les perdonan muchas cosas y el Flaco Traverso es el número uno indiscutido. Entonces, siempre lo que él diga va a ser respetado y se lo va a tener allá arriba. Nunca lo dije para no victimizarme, pero sí después de que pasó mucho tiempo, para que la gente lo entienda”.
Sobre su título de TC en 2005, destaca: “Fue como un posgrado en el automovilismo. Sentí que no me quedaba nada por cumplir, por hacer o por demostrar. Aunque después busqué otras motivaciones, como correr las 24 Horas de Nürburgring o haber competido en 13 ediciones del Rally Dakar, acá y en Arabia Saudita”.
En el TC corrió 328 carreras, ganó 15 finales y 45 series, logró ocho pole positions, diez récords de vuelta y 57 podios, uno cada cinco carreras. Además de su debut triunfal, tuvo otro hito: el 5 de octubre de 2003, en Paraná, ganó la carrera número 1000 de la octogenaria categoría. En 2008 se encaminaba a su segunda corona, pero a mitad de temporada la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC), que en ese momento era presidida por Oscar Aventin, instauró la Copa de Oro, donde los doce mejores pilotos del campeonato hasta la décima fecha definían el título en las últimas cinco. Silva ganó la etapa regular, pero en la fase decisiva fue superado por su compañero de equipo Guillermo Ortelli (Chevrolet), lo que decretó su salida del JP Racing.
El “Pato” destaca que con el correr de los años cambió su forma de vivir el automovilismo. “Cambié para mejor. Los que siguen el automovilismo desde hace mucho tiempo también vieron ese cambio en mí, porque en un momento me peleaba todos los fines de semana con los periodistas. Llegó un momento en el que quise tener paz y cambiar mis formas de comunicarme. Eso también me pasó con mis colegas y con el público. También cambié en lo deportivo”.
Ahora puso en marcha el “Pato Silva Sport”, un equipo de karting dedicado a jóvenes protagonistas del automovilismo. Emplazado en Homestead, el oriundo de Resistencia impulsa esta iniciativa con la intención de transmitir toda su experiencia, como ya lo había hecho junto al equipo International Motorsport.
Finalmente, reflexionó: “Los sueños hay que buscarlos, hay que esforzarse día a día. Hoy lo vivo con mi hijo, que quiere ser jugador de fútbol profesional. Lo apoyo en todo. Obviamente hay una realidad, y es que a veces no se puede pese a haberlo intentado todo. Pero lo importante es no rendirse fácilmente y tratar de nutrirse de buena gente, eso es clave”.








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